La historia de Silvina
| Connect, connect, connect.
A veces no importa el mensaje, sólo conectarse. Helga no entiende de Messenger, apenas sabe tomar los mensajes de su celular. Helga es ama de casa, con una Licenciatura de Sistemas. Desde que se casó, no trabaja en lo suyo. Bueno, no trabaja, punto. Su esposo es un prominente médico neurocirujano, 20 años mayor que ella. Los dos son un primor. I like them, really. Se conocieron hace ya 12 años, cuando la hermana de Helga moría de un cáncer cerebral. La operó el doc, pero no la pudo salvar, habían intervenido demasiado tarde. Las vueltas del destino o los designios de Dios quisieron que el doc, ya divorciado y con hijos de (casi) la edad de Helga, se enamorara perdidamente de mi amiga. Helga siempre quiere invitarnos a tomar el ponche navideño, en el grupo éramos al principio Angie, Molly, Helga y una cuarta mujer. Su nombre: Silvina. Ahora Silvina no anda más con nosotras. A Silvina la conozco del gym, va diariamente y se hace como dos horas de entrenamiento. La primera, con un entrenador personal, la segunda, cardio o cycle. Durante un tiempo mi entrenador personal era el mismo que el de ella, y me confesó que Silvina toma efedrina, por eso está todo el tirempo a mil y se aguanta la rutina. La cuestión es que Silvina es una mujer rara. Rara, porque es de mal genio, pero tiene rasgos de bondad. A los 17 años le gustaba mucho la rumba en su natal Colombia, y se escapaba de la casa para salir a bailar. Quedó embarazada de una niña, la que dio a luz soltera en Cali. ¿El padre? Bien, gracias. Lo mataron hace 3 años, y ella agradecida a Dios porque nunca nadie le va a reclamar su hija. Nadie nunca le preguntó quién ni por qué mataron al tipo. Una saca conclusiones, rápida e injustificadamente. Silvina llegó a México de la mano de un señor colombiano. Trajo hija y todo. El tipo primero la puso en un departamentito de mala muerte, y recuerdo que ella siempre se quejaba de lo caro que es México. Manejaba una camioneta normal. Al año ella quedó embarazada del tipo, que según ella, era piloto para un empresario muy importante. Ese mismo año cambió la camioneta normal por una mejorcita, y a mí que me agarra la envidia de lo bien que le está yendo. Ella dice que su esposo, además de ser piloto, ahora tiene un negocio de autos usados... A los pocos meses se cambian de casa, esta vez es una casa, y dice que la quiere comprar en lugar de rentar. Good for her, a estas alturas me dí cuenta de que la mujer estaba jugando en otras ligas muy diferentes a las nuestras y decidí alejarme. Compraron la casa, y ella empezó a usar una camioneta alemana cero km. Todo en un lapso de 3 años. Angie conoce a la verdadera mujer de este tipo. Vive a unas colonias de donde vivimos nosotras. La verdadera mujer también es colombiana. También maneja una camioneta alemana. También tiene hijos con el tipo. Y sabe de la existencia de Silvina. Silvina entró al país como empleada de una empresa de Baja California, aunque todos sabemos que Silvina no trabaja en absoluto. Si a Uds. también les huele raro, imagínense el olor que se siente estando cerca. |

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