Pequeñas celdas
| El otro día mi amiga Angie mi contó una historia muy triste, y es triste por dos razones: la primera es que es una historia verdadera. La segunda es que me enganché con ella. Angie es colombiana, y tiene una prima que, sin mucho futuro en su país y sin historias que crearse para escaparse aunque sea unos minutos, decidió convertirse en “mula” para transportar coca a USA. Y allí fue, llegó a Miami, y en el aeropuerto alguien la señaló con nombre y apellido. Los de la DEA pararon las antenas, la detuvieron, y terminó en la cárcel. La historia se completa con que las “mulas”s on enviadas a USA ya no tanto para transportar coca sino para entregarlas a cambio de una reducción en la pena de narcos pesados. Esta chica ya lleva 4 de sus 8 años en la cárcel. Si bien es una cárcel de USA, o sea, cárcel de película, es cárcel al fin.
Por un momento me imaginé a esta chica. Lejos de su familia, lejos de su tierra, en una jungla de perras que le deben hacer la vida imposible, sin dignidad, sin nada. Bueno, ya tenía poco cuando se fue de Colombia, pero ahora tiene menos. Yo por un momento me sentí como ella. Cautiva en mi propio estilo de vida. |

0 Comments:
Post a Comment
<< Home