Historias verdaderas - y otras no tanto

Historias verdaderas

Thursday, November 18, 2004

The real thing

Varias te venden carteras, casi igualitas a las Fendi, Coach, Tous, Dior, Burberrys. Me resulta raro el concepto de tener una cartera de imitación, o cualquier cosa de imitación. Yo soy de las que si no te alcanza para el original, mejor no comprar nada. Es más, se me hace de mal gusto. Pero la clase acomodada local es marquera hasta la muerte, y si el marido no las acompaña de compras, no es fácil hacerse de los fondos para comprarse lo que quieran, entonces recurren a la imitación. Bueno, eso y que no tienen la educación necesaria para ponerse a reflexionar sobre lo que están haciendo. Hace poco vi a Diluvio vestida de pies a cabeza con el monograma rosado de Dior. Un espanto: la gomita del pelo de Dior, la chamarra de jean de Dior, el reloj de Dior, la cartera de Dior, la billetera de Dior, los tenis de Dior, los pantalones de Dior. Repito mucho el “de Dior”, porque así se veía, amigos, súper cargada. Y eso es definitivamente mal gusto.

Con respecto a las imitaciones (o réplicas), el tema es que no son causas criminales que se persiguen de oficio. Entonces, las firmas pierden millonadas al año por este tipo de comercio. En el periódico se lee que vienen de China embarcaciones cargadísimas de lo que se te ocurra, entran por Panamá, y descargan. Luego las suben a camiones que atraviesan la tierra de nadie, y entran por Quintana Roo, donde tienen pase libre. Así tenemos el país inundado de mercadería definitivamente ilegal (por violación a la ley de marcas y patentes, por violación a leyes aduanales, y por violación a leyes de la función pública...¿me falta alguna ley más?).

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